Para muchos, las máquinas recreativas han sido siempre tal y como las vemos y entendemos hoy en día. Pero, como en todo, hay un punto de inicio para este producto que ha sido y es hoy en día la base de muchas industrias.

Medio siglo de vida poseen ya las máquinas recreativas o arcades, término genérico para designar esas máquinas recreativas de videojuegos disponibles en lugares públicos o centros de ocio (centros comerciales, restaurantes, bares o salones recreativos especializados).

Hay que hacer una especial distinción entre las arcades y los pinballs o tragamonedas de casinos, que si bien son similares a estos, difieren en que no son juegos de azar ni de apuestas ya que se basan en la destreza del jugador para superar los diferentes niveles.

Dicho esto, es momento de que veamos un poco el inicio de su recorrido.

El inicio de las máquinas recreativas

No hay un consenso establecido sobre el inicio de los videojuegos. El clásico OXO data de 1952 y se trata de una versión computerizada del “tres en raya” programado en ese año por Alexander S. Pese a que OXO está considerado como el “primer juego con gráficos”, hay una patente de 1947 acerca de un juego de simulación de lanzamiento de misiles que siempre dudas al respecto sobre el origen específico.

Si seguimos avanzando en el tiempo descubrimos el famoso “Tennis for Two”, creado en 1958 por William Higginbotham, un juego que recreaba una pista de tenis muy rudimentaria donde la pelota iba de lado a lado.

Pocos años después, en 1962, nació Spacewar!, la madre de todos los “matamarcianos” que hemos conocido a lo largo del tiempo. Fueron necesarias más de 200 horas de trabajo y un equipo de profesionales informáticos para conseguir el juego de lucha intergaláctica entre naves espaciales más famoso de la Historia.

La época dorada de las Arcade

No fue hasta la década de los 70s donde pudimos ver el inicio y éxito de las máquinas arcade. La primera de ellas fue Galaxy Game en 1971, el primer juego comercial del que se tiene constancia. Al principio, únicamente se diseñó una máquina colocada en la Universidad de Standford y con un valor de 20.000 dólares. Con el tiempo, se diseñaron más y se adaptó a sistemas domésticos varios. La partida costaba unos 10 céntimos y generaba colas de estudiantes universitarios para jugar.

A esta revolución incipiente se sumaron otros títulos como los estrenos de Pong en 1972 y Space Invaders en 1978 y la introducción de la tecnología de visualización de vectores en 1979. Fue una época de salas de recreativas abarrotadas de jóvenes dispuestos a pasar las tardes y noches jugando con arcades y poniendo a prueba sus conocimientos y destrezas.

De esta época surgieron nombres imborrables en nuestra memoria como Pac-Man, DonkeyKong, Bubble Bubble o Sonic, todos referentes de la época e inspiradores en multitud de adaptaciones literarias, cinematográficas o publicitarias.

La decadencia

Hubo una serie de factores que propiciaron la crisis de los arcades. De entre todos ellos, destaca el rápido avance tecnológico que se produjo en las consolas y computadoras, logrando un hardware más sofisticado y superior al de las arcades. Todo ello, sumado a la proliferación del juego en línea y los cibercafés, entre otros motivos, dieron lugar a un estancamiento de la industria y consumo de las máquinas arcades.

Con el paso de los años, su fabricación, producción y distribución se ha visto afectada y reducida hasta estar, hoy en día, únicamente establecida en Japón. Para el resto de mercados, las grandes empresas tuvieron que diversificarse y adaptarse a otros modelos, sirviendo como inspìración para máquinas recreativas de juegos de azar, por ejemplo.