Muchas personas piensan que el único lugar donde se encuentran las máquinas recreativas es en los salones de juego. Sin embargo, no siempre es así. Hay sitios emblemáticos donde las máquinas de este tipo juegan un papel muy importante. 

Hablamos de las máquinas recreativas para bares. El bar es un elemento importante en la sociedad, punto de encuentro de familias, de amigos, de vecinos… siempre ha ocupado un lugar crucial en la vida de cualquier barrio o vecindario. Tal es así que si echamos la vista atrás seguro que recordamos a más de un familiar, o a nosotros mismos, jugando con alguna máquina recreativa.

¿Por qué había máquinas recreativas?

Ya hemos hablado en alguna ocasión de los orígenes de las tragaperras. En esa época en Estados Unidos había leyes rígidas que podían entrar en conflicto con los propietarios de los bares si estos tenían en su haber máquinas recreativas que premiaran con dinero.

Por ello, las primeras recreativas entregaban comida, bebida o incluso dulces como premio. Era un reclamo para todo tipo de personas, lo que mantenía el bar lleno de clientes y convertido en punto de encuentro, de ahí que interesara tener este reclamo.

¿Tienen futuro las recreativas?

Las máquinas recreativas para bares no solo han tenido pasado y presente, sino también un futuro garantizado. Si nos alejamos un poco de las máquinas recreativas tal y como las conocemos, podemos observar cómo los bares siempre han contado con una máquina que haga interactuar al cliente. 

Hablamos de un entretenimiento afincado en torno al bar, al que no solo se va a tomar café, unas tapas o una copa, sino que también se va a jugar. Las máquinas para tirar dardos, los billares, los pinballs, las máquinas de pasatiempos… un sinfín de artefactos diseñados para el uso y disfrute del usuario.

Con todo ello podemos afirmar que este elemento estará presente de una u otra forma en los bares. Los avances tecnológicos cambian los formatos pero la esencia se mantiene con el paso de los años. Además, con el resurgir de la moda vintage no es de extrañar encontrarse con bares que apuestan por máquinas recreativas clásicas para atraer a una clientela con gustos ochenteros y noventeros.